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Toda la verdad sobre Ferrari Land: así se vive desde dentro

Ferrari Land no ha hecho sino aumentar el interés de una hipotética visita a Port Aventura, uno de los pocos parques temáticos rentables del mundo. Pero, ¿merece realmente la pena? Nosotros hemos estado estos días y podemos contarte de primera mano lo que allí se cuece desde el punto de vista del usuario. Y no es oro todo lo que reluce…

Los amantes del motor tenemos en Salou, Tarragona, uno de los puntos de máximo interés del país. Allí opera desde no hace mucho tiempo Ferrari Land, el parque temático del Cavallino Rampante, que pegado a Port Aventura viene a ser un complemento perfecto para éste. Nosotros lo hemos visitado hace unos días y te podemos contar lo que supone la experiencia. Y no, no es oro todo lo que reluce.

Ferrari Land es caro, muy caro
Si compras las entradas en la web de Port Aventura, verás múltiples ofertas que puede que te hagan pensar que la visita a ambos parques -a Ferrari Land se puede acceder por separado, pero salvo que vivas a 5 minutos andando lo suyo es que visites ambos complejos- es relativamente asequible. En nuestro caso, adquirimos la entrada de ‘2 días 2 parques’, que por 56 euros -70 en taquilla- da acceso un día a Port Aventura y otro a los dos parques. Buen precio. El problema llega cuando accedes a las instalaciones y compruebas la gran cantidad de gente que hay. Si quieres aprovechar realmente el día allí -sobre todo si vas en agosto- tienes que adquirir los conocidos como Pases Express, esos que distinguen a la primera clase del populacho evitando el 90% de las colas que se forman en la mayoría de atracciones.

Para que veas la diferencia que hay entre comprar o no este atajo te vale nuestro caso. El día que pasamos en Port Aventura lo adquirimos y acabamos hartos de montarnos en todo. La montaña rusa más espectacular, el Shambala, la visitamos hasta cuatro veces. Sin embargo, el día de Ferrari Land decidimos permanecer con nuestra entrada normal. ¿Resultado? Nada más empezar, una cola de 2 horas y 45 minutos para poder montar en el acelerador vertical -Red Force-, la atracción estrella del parque.

En el caso de Port Aventura existen tres tipos de Pases Express. El de 33 euros -sí, además de la entrada- te da derecho a un viaje sin esperas en cada una de las atracciones principales. El de 53 euros, viajes ilimitados en las mismas, y el de 58, lo mismo, pero con un viaje asegurado en primera fila -si no pagas esto, la primera fila no la hueles-. En el caso del parque de Ferrari solamente tienes derecho a un Pase Express de un viaje por atracción, que supone un coste extra de 20 euros.

 

 

 

 

Teniendo en cuenta todo esto, en nuestro caso gastamos en entradas 109 euros, que deberían haber sido 129 de habernos decantado por el necesario Pase Express de Ferrari Land. Si solamente quieres ir al parque de los de Maranello, son 22 euros la entrada más los 20 del Pase Express. Además las comidas dentro del mismo no son tampoco baratas. Si optas por comer en restaurante, el precio medio es de unos 20 euros por persona -y no es ningún ‘estrellas Michelin’-, mientras que si prefieres algo más rápido, el menú típico de hamburguesa o bocadillo, patatas fritas y bebida se va por encima de los 10 euros cada uno. Y ojo con la tienda oficial de Ferrari, porque ya puedes ir con la billetera a rebosar si quieres comprar algo. Quién haya ido a una carrera de Fórmula 1 ya sabrá a lo que se expone con el tema del merchandising, de lo contrario te sorprenderá que te quieran cobrar 50 euros por la gorra de Vettel o Raikkonen o 65 por la camiseta que cada dos semanas ves en televisión.

Lo que merece la pena y lo que no de Ferrari Land
Ferrari Land es por sí solo bastante limitado en lo que atracciones se refiere. Con el Pase Express sacado no gastarás todo el día en él -su horario es de 10:30 a 20:00 ahora en verano-. La estrella de todas es Red Force, también conocida como el acelerador vertical. Sí, eso de ponerse a 180 km/h en menos de 5 segundos he de reconocer que impresiona, pero el resto del viaje no tanto. Sé que lo de ascender 112 metros de altura y caer prácticamente en vertical respecto al suelo suena muy fuerte, pero el antes mencionado Shambala de Port Aventura me produjo sensaciones más extremas. Y ojo si te montas y no lees los carteles. En ellos avisa de que, según las condiciones del viento y demás variables, los vagones pueden volver a caer hacia atrás en lugar de completar el recorrido una vez llegados al punto más alto. Durante las tres horas de cola que hicimos solamente ocurrió una vez, pero si no estás informado de esto y te pasa, el infarto está asegurado.

La segunda de las atracciones que más gente congrega son las Thrill Towers, que vienen a ser dos lanzaderas no especialmente extremas, ya que ninguna es caída libre como tal. De nuevo la de Port Aventura te pondrá más al límite, sin cable que te sujete durante la caída. Y de ahí pasaríamos a Maranello Grand Race, en la que te pondrás al volante de reproducciones a escala de modelos de Ferrari guiados por raíles. Entretenido, sin más. Como lo serán para los niños sus atracciones, que por razones obvias no probé.

Quedan por comentar tres cosas principales. La primera de ellas es el edificio Ferrari Experience, en el que podrás ver diversos vídeos y animaciones que te introducen más si cabe en el mundo del Cavallino. No están mal, aunque de esta parte de Ferrari Land te llevarías una mejor impresión si hubiese más monoplazas reales que contemplar. Apenas tres durante mi visita, que fueron uno de los primeros que compitió en Fórmula 1, otro de 1985 y el tercero de 2009. Además había un Ferrari 458 Italia y una especie de reproducción de monoplaza -no se parecía mucho al F1- en los que podías hacerte fotos, previo paso por caja, claro. La segunda es una de las actividades más divertidas -y que más tienen que ver con la Fórmula 1- que puedes realizar en el parque. Se trata del Pit Stop Record, en el que tu cometido será cambiar un neumático de un Ferrari de la máxima categoría en el menor tiempo que puedas. Hacerlo te hace valorar como se debe a esos mecánicos que apenas emplean dos segundos en la operación cada fin de semana de carrera, con la presión añadida de la competición.

¿No eran tres cosas las que había que comentar aún? Exacto, pero es que la tercera fue para mí la más interesante de todo el parque. El simulador. No, ni mucho menos es una PlayStation para niños. De hecho, su extrema dificultad hace que los más pequeños salgan bastante frustrados porque no son capaces de llevar el monoplaza recto. Tras una breve charla en la que te explican el funcionamiento, te introduces en tu carro. En mi caso he tenido la suerte de subirme a varios vehículos de carreras en mi vida, y muchas de las sensaciones vividas en la ‘maquinita’ me recordaron a ellos. Incluso el cinturón de seguridad te oprime fuertemente cuando frenas. La parte mala es que tan solo pasas unos 7-8 minutos al volante, tiempo del todo insuficiente para hacerte del todo con el Fórmula 1. Pero tiene una parte buena, y es que es tal la demanda física que produce el simulador que casi se agradece el poder salir pronto de él. Salvo el cuello, todo tu cuerpo sufre. Y encima has de pagar 15 euros extra por subirte.

Conclusión, ¿merece Ferrari Land la pena?
Cualquiera que le gusten los carros y sea fan de Ferrari disfrutará de la experiencia del parque, pero es cierto que se queda algo cojo por sí solo. Lo ideal es que, como en mi caso, hagas un combinado con Port Aventura. Incluso si ‘pasas’ de los espectáculos de este último puedes plantearte la visita a ambos parques en un mismo día, siempre pagando los Pases Express. Pero ir solamente con la intención de ver Ferrari Land puede hacer que la experiencia sea algo frustrante.

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