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¿Son estos los Ferrari más feos de la historia?

Está claro que tener dinero no significa tener buen gusto, no hay más que ver cómo visten algunos futbolistas y estrellas. Aquí tienes dos ejemplos con ruedas de esta realidad, dos Ferrari únicos y de valor incalculable, pero que difícilmente podrían ser más feos.

Ferrari es una marca que al pronunciarla siempre nos trae a la mente la silueta de un precioso deportivo, seguro que lo último que se te ocurre es algo como nuestros dos protagonistas. Ambos son dos encargos especiales, dos piezas únicas o “one off”, como está de moda decir en la actualidad y son considerados por la mayoría como los Ferrari más feos de la historia.

Se trata de dos modelos realizados por carroceros bajo pedido a partir de modelos de serie, un Ferrari 410 Superamerica de 1956 carrozado por Ghia y un Ferrari 330 GT 2+2 carrozado por Piero Drogo. Lo normal cuando alguien encarga una carrocería única y especial es que surja un diseño llamativo y mejor que el original. Sin lugar a dudas ambos son llamativos, pero, aunque no hay nada escrito sobre gustos, ni Ghia ni Drogo lograron superar a los modelos originales de Pininfarina, claramente más atractivos.

Ferrari 410 Superamerica Ghia de 1956: ¿un batmóvil ?


El diseño elaborado por Ghia no pasa inadvertido, pero resulta estrambótico.

En 1955 Ferrari presentaba su tope de gama siguiendo su nomenclatura tradicional haciendo referencia a la cilindrada unitaria de los cilindros de sus motores, el Ferrari 410. Carrozado por Pininfarina, este estilizado coupé contaba con un formidable V12 de 5 litros de cilindrada y 340 CV que lo convertían en uno de los automóviles más rápidos y potentes de la época.

Apenas un año después del lanzamiento del modelo, Carrozzeria Ghia presentaba su propia interpretación del Ferrari 410 Superamerica de líneas eclécticas en las que se combinan detalles de moda en la época en EE.UU. como las afiladas colas traseras con otros detalles algo anacrónicos y que no pegan demasiado.

Este peculiar deportivo fue el último encargo que hizo Ferrari a Ghia, pero no porque el resultado fuese horroroso sino porque pocos meses después de este trabajo, Ghia pasó a ser controlada por Ford. En defensa del carrocero italiano, es justo decir que de sus talleres salieron antes que éste varios Ferrari que están considerados entre los más bellos de la marca, pero a este 410 Superamerica le falta estilo, coherencia y elegancia. Como diría el mítico “papuchi”, este Ferrari 410 Superamerica Ghia es “raro raro raro”.

Ferrari 330 GT 2+2 Navarro de 1966: faltan los neones


Si conseguimos concentrarnos y que no nos distraigan las lágrimas en los ojos al ver este engendro, veremos que la forma de las ventanillas laterales, las llantas, el parabrisas, el techo y la luneta trasera son las mismas que las del precioso Ferrari 330 GT 2+2 de diseñado por Pininfarina, pero ¿qué es lo que le ha pasado al resto del carro?.

Hay gente para lo que todo no es suficiente y Norbert Navarro, propietario de un conocido “club” de la época, entraba en este grupo. En 1966 adquirió el chasis número 7979 de un excepcional Ferrari 330 GT 2+2 y, pese a tratarse de uno de los carros más exclusivos y deseados de la época, a Navarro le pareció demasiado mundano y vulgar, así que encargó al carrocero italiano Piero Drogo que le hiciese una carrocería a su gusto.

Por desgracia, Drogo murió conduciendo su Ferrari California en 1973 en un accidente de tráfico casi idéntico al que sufre el Lamborghini Miura del inicio de la película “The Italian Job” (estrellándose contra un camión en un túnel) y no hay demasiada información sobre qué fue lo que se le pasó por la cabeza cuando diseñó este carro o si simplemente se ciñó a plasmar en el modelo los gustos y preferencias de Norbert Navarro, algo más que probable.

Para esta creación se modificaron por completo el frontal y la zaga, que perdieron la elegancia de sus formas redondeadas para plantar unas aristas y unas colas y faros casi tan feos como la moldura de aluminio anodizado del lateral.

La verdad es que viendo este carro con ese color dorado con purpurina, las inscripciones “golden car” en los laterales y el apellido de su amo en cada esquina, uno se imagina a un tipo con la camisa desabrochada hasta el ombligo, luciendo “pecho lobo” y cadenas de oro enmarcadas por una americana de gruesas solapas.

Pese a tratarse de una pieza única y pertenecer a una de las series más deseadas por los coleccionistas, el Ferrari Navarro Special no goza del beneplácito del público, reticente ante una estética así. En los últimos tiempos ha estado en subasta en dos ocasiones y en ninguna de ellas llegó a pujarse por él lo suficiente como para alcanzar el precio de reserva.

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