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Reparar las rines de tu carro: todo lo que debes saber

Los arañazos o las abolladuras pueden hacer que las llantas de tu carro se vean feas y en peor estado de lo que realmente están. Porque, a veces, un poquito de cuidado y cariño sobre ellas pueden hacer que tu carro se vea realmente bien. Piénsalo, al fin y al cabo, son los zapatos del carro. Además, si el daño es leve, tú mismo puedes reparar las llantas. Aunque si quieres un acabado mejor que recién salido de fábrica, lo mejor es acudir a un taller especialista.

Pero supongamos que eres un manitas y quieres hacerlo por tu cuenta. Roces en las aceras al aparcar, suciedad acumulada e incrustada proveniente de las pastillas de freno o un bordillo mal cogido. Todas estas cosas acaban deteriorando el estado de las llantas.
Y no, no siempre es necesario cambiar el juego de llantas. Si han recibido un fuerte golpe, ahí sí que puede ser una buena opción, o repararla correctamente. Porque las llantas de aleación no solo cumplen una función visual, sino que son cruciales para la mantener la seguridad del vehículo.

También es importante tener en cuenta qué clase de llanta tenemos entre manos, porque existen distintos tipos y, cada carro al final es de su padre y de su madre, y no todos tenemos las mismas ruedas montadas en el carro:

Llantas de aleación aluminio: las más habituales en los carros desde la entrada del siglo XXI. Están fabricadas a partir de una aleación de aluminio y no se corroe como otros metales. Sin embargo, es un material relativamente sensible a golpes y rasguños, y la mezcla de agua y sal hacen que su aspecto empeore.
Llantas de acero: la solución más robusta y económica. Si están dobladas, normalmente pueden ser reparadas. Eso sí, que lo determine siempre un profesional. Sin embargo, en cuanto a aspecto se refiere, se oxidan. El problema se hace menos visible con el uso de tapacubos, pero nunca tendrán la estética de unas llantas de aleación.


Llantas cromadas: muy habituales en carros de origen estadounidense. Llaman mucho la atención y se ven de lejos, pero su reparación (mediante arenado o repintado) suele ser bastante costoso, incluso a la par que comprar una llanta de cromo nueva.
Llantas revestidas de plástico: parecidas a las anteriores, pero sensiblemente más ligeras y notablemente más baratas de hacer para el fabricante. Como sucede con la mayoría de plásticos, su reparación es bastante dificultosa. Así que, o se reemplaza la rueda o se intenta sustituir la capa de plástico (que no siempre es posible).

Y ahora, al lío. Veamos paso a paso qué debemos hacer para comenzar la sesión de reparación de nuestras llantas:

  1. Inspección de daños en la llanta
    Resulta imprescindible hacer un análisis de las llantas inspeccionándola a fondo. Esto es, ver si hay daños visibles, tales como abolladuras, grietas, rasguños o corrosión. También es importante percatarse si el neumático presenta bultos o daños en el flanco, talón y hombro del neumático. Una vez evaluados los posibles defectos, se puede decidir si repararlas o cambiarlas. Si los daños son superficiales, nos saldrá mejor optar por la primera opción. En caso contrario, habrá que rascarse el bolsillo en unas llantas nuevas o certificadas.

Comprar unas llantas de segunda mano puede ser peor remedio que la enfermedad. Pueden estar igualmente dañadas y no nos daremos cuenta hasta montar el neumático. Rupturas y grietas con una profundidad de entre uno y dos milímetros es un indicativo de que es un buen momento para reciclar la llanta. Y no es moco de pavo, la seguridad del carro podría verse muy afectada si no se reparan bien o se cambian por unas en perfecto estado.

  1. Preparar la llanta
    Aunque parezca obvio, desmonta la rueda del caro. No es imprescindible separar la llanta del neumático, y mucho cuidado con no perder las contrapesas del equilibrado (esas pequeñas piezas rectangulares que parecen pegotes sobre los bordes de la llanta). Usa un limpiador de llantas y un paño (preferiblemente de microfibra). Limpia los bordes y toda la suciedad que no esté especialmente adherida a la superficie. Los recovecos y suciedad más difícil necesitarán de un cepillo de pelos duros y/o un estropajo.

Si hay exceso de polvo de las pastillas de freno se hará necesario un descontaminante férrico. Los disolventes también ayudan a eliminar el polvo residual. No te olvides de hacer presión sobre la llanta, que no te va a morder. Como medida de seguridad, es aconsejable utilizar guantes y mascarilla, puesto que es un elemento tóxico y muy corrosivo. Tras haber ejecutado estos pasos, asegúrate de que la superficie metálica está completamente seca antes de comenzar la reparación de daños.

  1. Reparación de daños de la llanta
    Cubre la llanta con cinta adhesiva, si no quieres que el neumático se llene de porquería y pintura después. Fija dónde se ubican los rasguños, arañazos y demás desperfectos, aunque por norma general, la mayoría estarán en el borde de la circunferencia. Una vez hecho esto, es el momento de comenzar con el lijado.

Es importante hacerlo de forma cóncava y progresiva. Eso sí, sé cauto a la hora de pasar la lija/pulidora por la superficie de la llanta. Aquí no se cumple la regla de “cuanto más mejor”, ya que a más mano metida, más difícil será unificar es aspecto visual del conjunto. Para suavizar los bordes ásperos, emplea el método de más a menos. Es decir, de lija gorda (de grano 80) a fina (de grano 120-240). Frota sobre los daños hasta que se sientan uniformes con el resto de la superficie. No te olvides de ir limpiando el polvo del papel de lija con un paño seco.

Desafortunadamente, no todos los arañazos y abolladuras se irán con un lijado. Las más notorias necesitarán de una masilla específica de poliéster de relleno. Aplícala sobre el área dañada y extiéndela con una espátula. Aísla las zonas cercanas e intenta dar forma a la masilla también con tus propios dedos antes de ponerla. Su aplicación en áreas planas y no dañadas puede acabar generando protuberancias antiestéticas.

Terminada esta operación y una vez completamente seca (puede tardar de varios minutos a un par de horas, según el fabricante), se lija otra vez con un papel de grano 400 en seco. Esta lija de papel tan fino ayudará a conseguir una superficie suave, eliminando las áreas más elevadas de la masilla sobrante. Frota hacia delante y hacia atrás hasta que toda la superficie se vea –y se sienta– completamente uniforme.

  1. Imprimación y pintura sobre la llanta
    Toca dar una imprimación con spray a la llanta para que la pintura se fije adecuadamente y se vea más natural. Rocíalo con cuidado a una distancia de unos 15-20 centímetros del borde y con movimientos de barrido. Una sola capa de imprimación debería de ser suficiente. Deja secar la rueda de 30 minutos a una hora, ya que al igual que la masilla dependerá del fabricante. Nunca rocíes la pintura antes de que se haya secado del todo.

Llegamos ya casi al final, el momento de pintar. Es convenientes utilizar el color más cercano al original, puesto que siempre puede quedar algún detalle en los bordes que denoten el color con el que la llanta salió de fábrica. Pinta con spray o pistola, nunca con otra metodología. De forma similar que la imprimación, colócate a unos 25-30 centímetros (un pelín más lejos) y rocía la pintura con un movimiento de barrido. Después de que la primera capa se haya secado (de 30 a 60 minutos), aplica dos o tres capas más para conseguir un resultado más que decente.

Por último, aplica una laca en spray para sellar el trabajo de pintura. Esto evitará que la pintura en aerosol se raye o se desprenda de la superficie. La laca tarda un poco más en secarse, de unas ocho a 24 horas. Mientras tanto, puedes aprovechar para hacer una limpieza a todo lo que se ve tras la rueda (pinzas de freno, paso de rueda, amortiguador, etc.) con un paño mojado en disolvente y un cubo de agua. El esfuerzo merecerá pena.

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