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La historia del Dodge Viper de motor central que nunca llegó en la que se cuela el Ford GT

El Dodge Viper es uno de los deportivos americanos más carismáticos de los últimos años. Recientemente se despidió sin sustituto tras 25 años en el mercado y nada menos que cinco generaciones. Siempre fue reconocible por su motor V10 atmosférico situado en posición trasera, con una caja de cambios manual que mandaba la potencia al eje trasero. Pero ahora sale a la luz una historia de sus orígenes que podría haberlo cambiado todo, pues se barajó la posibilidad de equiparle un motor central.

Corría el año 1996 y el Viper llevaba ya un lustro en el mercado, rodando con fuerza. Pero se dispuso un equipo de Chevrolet que se puso a investigar una nueva vía en estricto secreto. El Dodge Viper de motor central pegó con fuerza a nivel interno hasta el punto que se llegó a crear maquetas a tamaño real con sus correspondientes cambios en diseño. Se estudió su salida al mercado en dos ocasiones, justo en el momento de lanzar la segunda generación del modelo y posteriormente en 1998, antes de la llegada de la tercera.

Con un proyecto tan interesante entre manos, la única pregunta que nos interesa es ¿por qué no lo llevaron a cabo? A priori, el problema principal podría parecer la inversión que sería necesaria para llevarlo a producción, ya que el Dodge Viper de motor delantero tampoco había reportado demasiados beneficios que digamos. También la tradición pesaba en el ambiente y mucha gente de la marca pensó en su momento que el motor central le haría perder esa esencia puramente americana.

Sin embargo, el verdadero motivo fue la compra de Chrysler por parte de Daimler en 1998. Aunque inicialmente iba a ser una fusión, el conglomerado alemán tuvo el peso suficiente para dar carpetazo al Viper de motor central. Pero todavía había gente que había trabajado en el proyecto y que mantenía su ilusión intacta. Uno de sus mayores defensores fue Chris Theodore, la persona encargada de sacar esta bonita historia a la luz.

Con los cambios en su empresa, Theodore puso rumbo a otra compañía americana en la que quizá tuviera cabida su proyecto: Ford. Lo cierto es que Chrysler se había inspirado en la marca del óvalo, de hecho el Viper de motor central sería algo así como un heredero del Ford GT40. Así que en 1999, Theodore estaba en el lugar ideal para retomar esa idea. Tuvo una buena acogida y se pusieron a trabajar en ello.

Lo cierto es que hubo algunos reveses en la historia, pero finalmente en 2005 era presentado el Ford GT. Con su motor V8 sobrealimentado en posición central, se convirtió rápidamente en un mito. De hecho, ahora hemos podido ver una segunda generación que mantiene la filosofía. Por otro lado, en Chrysler se volvió a coquetear con la idea a través de algún prototipo, pero nunca llegó a cuajar. Las vueltas que da la vida.

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