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¿Cuánto dinero te cuesta conducir estresado?

A lo mejor te parece exagerado que tu estado de ánimo te pueda costar dinero en el carro, pero así es; nuestro comportamiento está dominado por nuestras emociones y éstas influyen en nuestra forma de conducir, los riesgos que asumimos y el trato que le damos a nuestro carro.
Aca te contamos que la conducción eficiente es más una actitud que una técnica. Algo tan sencillo como salir con un buen margen de tiempo para evitar ir con prisas puede hacernos ahorrar mucho dinero a lo largo del año. Por eso, en plena cuesta de enero, te vamos a dar detalles sobre cuánto dinero te puede costar conducir estresado.

Nuestro estado de humor afecta a nuestro comportamiento y conducir forma parte de nuestro día a día, así que, al hacerlo de mal humor, también variamos nuestros hábitos al volante en función de nuestro ánimo. No obstante, deberás saber también que no solo gastaremos nuestra propia energía… Para empezar, emplearemos más combustible si conducimos alterados. Y esto solo es un pequeño aspecto que nos hará derrochar en economía.

Cómo conducimos cuando estamos estresados
Cuando estamos en un estado de crispación, tendemos a ser más vehementes. Contestamos de manera brusca, nuestras reacciones son desproporcionadas… Esto se traslada a nuestra forma de conducir en varios malos hábitos:

Ahorra en gasolina en la cuesta de enero

Somos más bruscos: tendemos a salir de los semáforos apurando como en una carrera y también a frenar más tarde y con más intensidad. Esto aumenta mucho el consumo de combustible, así como el desgaste de los frenos y neumáticos.
Reducimos la distancia de seguridad: el carro nos crea una falsa sensación de seguridad y superioridad. Cuando estamos nerviosos, enfadados o estresados, tendemos a conducir más cerca del carro que nos precede. Además de aumentar el riesgo de colisión, esta actitud puede provocar que nos multen.
Revolucionamos más el motor: parece que eso de que nuestro pulso se acelere hace que también aceleremos más el carro y tardamos más en pasar a la siguiente marcha. Esto aumenta el consumo. También puede incrementar el desgaste del motor y de otros componentes de la mecánica.
Perdemos las buenas maneras: cuando estamos alterados todo nos molesta. A ese que está tratando de salir del estacionamiento, normalmente, lo dejarías que se incorporase, pero hoy no. Vas a acelerar para arrimarte bien al de delante y que no se cuele. (Quizá pienses que vas a perder tu posición en el campeonato de neandertales y cosas así…) Estas actitudes provocan situaciones de riesgo, además de aumentar nuestro estrés y contagiárselo a los demás.
Bajamos la guardia: aunque nos sentimos muy activos y “acelerados”, en realidad tenemos la mente centrada en otras cosas que no son el tráfico. Esto nos hace cometer más errores. Incluso podemos dejar de percibir situaciones de riesgo, aumentando la posibilidad de ser protagonistas en un accidente.
No respetamos las normas de tráfico: apuramos al ver el semáforo en ámbar, circulamos a más velocidad de la permitida (especialmente en ciudad), no señalizamos las maniobras… Todo esto nos expone a ser sancionados, además de que también aumenta el consumo de combustible y el desgaste de la mecánica del carro.
Por lo tanto, el estrés nos pasará doble factura…
Teniendo en cuenta todo lo anterior, vamos a ver por qué nos cuesta más dinero hacerlo y, aunque sólo sea por ahorrar, tratemos de evitarlo:

Aumentamos el consumo de combustible.
Aumentamos el desgaste de los neumáticos y los frenos.
Tratamos peor el carro y lo exponemos a más averías.
La mayoría de estas actitudes al volante conllevan multas graves de más de 100 euros y la pérdida de puntos del carnet.
saca  la calculadora y decide si vale la pena 😉

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