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Bajar una pendiente en punto muerto y otros trucos que NO sirven para ahorrar combustible

Son muchos los expertos que antaño abogaban por no usar ninguna marcha a la hora de encarar una cuesta abajo como un truco infalible para gastar menos combustible, pero lo que antes podía ser un buen consejo ha dejado de serlo.

 

Por qué bajar en punto muerto no ayuda a reducir el consumo
La técnica de dejar que el carro circulara en punto muerto a la hora de descender una carretera de montaña estaba muy extendida en los años 80-90. Entonces, dejando a un lado la seguridad, sí era una táctica eficaz para reducir el consumo.

A día de hoy, ha quedado del todo obsoleta porque la mayor parte de los carros están equipados con inyección electrónica que se encarga de que el combustible llegue el motor. La inyección solo se activa cuando pisamos el acelerador del carro, de manera que si bajamos una pendiente con la marcha metida no estaremos consumiendo combustible.

Es más, salvo que tu carro tenga más de 25 años (en este caso, puedes convertirlo en un clásico), lo de bajar en punto muerto no solo no baja el consumo, sino que lo incrementa.

Los carros modernos, a partir de los 20 km/h, son capaces de aprovechar la inercia en forma de energía cinética para desplazarse cuando tienen una marcha insertada y no se pisa el acelerador. Evidentemente, la velocidad se reduce moderadamente debido a la acción del viento y la fricción mecánica, salvo en el caso de los descensos.

Tanto es así que, en el caso de los vehículos de inyección monopunto, multipunto o electrónica, ya sean diésel o gasolina, el consumo es nulo. Sin embargo, al desengranar la marcha, el automóvil deja de aprovechar la energía cinética y, para mantener el motor en movimiento, envía combustible a los inyectores para que este no se detenga.

 


Lo que sí estaremos haciendo es correr un cierto peligro. Ante la aparición de un obstáculo, el carro responde mejor a un pisotón al acelerador o el freno si hay una marcha engranada, además que con una marcha metida se puede recurrir al freno motor para controlar mejor la velocidad y la dirección del vehículo.

También será más difícil de controlar porque en punto muerto un carro pierde estabilidad en curvas.

Otros trucos que NO ahorran combustible aunque todo el mundo los defienda
Colocar imanes en el tubo de combustible. Este truco es menos conocido y nada eficaz. Consiste en poner imanes de neodimio alrededor del tubo de entrada de combustible y dicen que permite reducir el consumo hasta un 4% pero no hay pruebas científicas que lo demuestren.
Poner más aire del debido en los neumáticos. Es cierto que circular con menos aire del recomendado en los neumáticos incrementa el consumo de carburante, pero no lo es al contrario. Añadir más presión a las ruedas reduce la superficie de contacto con la calzada lo que se traduce en un menor agarre y un mayor riesgo de accidente.

 
Usar el control de velocidad. Fijar una velocidad fija mediante el uso del control de crucero ayuda a reducir el consumo de combustible siempre y cuando no se haga en pendientes ascendentes. Para llegar a la velocidad fijada en cuesta arriba el sistema necesita inyectar más gasolina de golpe.
Apagar el aire acondicionado y bajar las ventanillas. Solo quitar el aire acondicionado sí es una práctica que ayuda a controlar el consumo, pero si lo haces en verano te verás obligado a bajar las ventanillas con lo que aumentará la resistencia al aire y con ello el gasto de carburante. Lo mejor es usar el climatizador pero de forma suave y aceptar que la comodidad tiene un precio (pequeño).
Quitar el aire y dejar las ventanillas subidas tampoco es una opción: el exceso de calor en el habitáculo compromete seriamente la concentración del conductor.
El mejor truco para pagar menos en gasolina
Hay un truco infalible para gastar menos en gasolina: usar un carro híbrido.

Los carros híbridos tienen una clara ventaja con respecto a los diésel en entornos urbanos, que es donde más provecho pueden sacar de sus sistemas de propulsión.

En esta situación, las baterías y los motores eléctricos realizan la mayor parte del trabajo a la hora de impulsar el carro, especialmente al iniciar la marcha (uno de los momentos en los que más combustible se gasta en un turismo tradicional) o cuando no demandamos mucha capacidad de aceleración. Aprovechan las frenadas para recuperar energía y además, en la mayoría de los casos son capaces de hacer todo esto con el motor de combustión interna apagado, por lo que consumen ni una gota de combustible en todo el proceso.

Cuando echamos cuentas de lo que cuesta mantener un carro híbrido, un diésel y un gasolina al año sumamos el gasto en combustible. Calculamos que el carro recorrería 14.000 kms al año, con lo que un mismo modelo en versión gasolina destinaría unos 1.200 euros al pago de repostajes; un diésel, 792 euros; y un híbrido, 674 euros.

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