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Vettel conquista Interlagos en un día de furia y remontada de Hamilton

  • El alemán, que no ganaba desde Hungría (30 de julio), se aseguró prácticamente el subcampeonato del mundo frente a Bottas.
  • El campeón escaló desde la última hasta la cuarta posición, con una intensa batalla final con Raikkonen para asaltar el podio
  • Alonso acaba octavo, su segundo mejor puesto del curso; Sainz, 11º

A Vettel le habían ocurrido tantas cosas desde aquel ya lejano 30 de julio, fecha de su última victoria, en Hungaroring, que no supo ni qué hacer desde lo alto del podio de Interlagos. Sólo acertó a mover con timidez los pies mientras escuchaba el pegadizo himno italiano en honor a Ferrari. Seguro que no había imaginado nunca una victoria tan plácida en el escenario donde alcanzó con algún sofoco su tercer título mundial (2012). Le bastó una curva para deshacerse de Bottas y apenas se inquietó durante las 71 vueltas que duró la travesía. Todo fue más sencillo porque Hamilton se había autodescartado en la clasificación. Y aún así, el ya tetracampeón se las ingenió para plantar batalla por el podio desde el pozo de la parrilla. Una remontada inolvidable tras la que acabó exhausto. Casi sin fuerzas para abandonar su monoplaza. Alonso fue octavo, su segunda mejor posición del año, a pesar de un intenso intercambio de golpes con Massa. Ganó el brasileño, su ex compañero, en una emotiva última tarde ante los suyos. Sainz fue 11º.

Con todo (o casi) bajo el control de Vettel desde la primera curva, Hamilton se ganó a su manera los focos de la carrera. Consciente de que, tras el fiasco del día anterior, ganar en Interlagos era una utopía, se dio el gustazo, al menos, de liderar la carrera durante unas cuantas vueltas. En esa aventura inverosímil desde la última posición de la parrilla, el campeón fue dejando rivales en la cuneta desde la primera curva. Muchos de ellos ni siquiera se resistieron. Para qué, si el final acabaría siendo el mismo. El caso es que antes de la décima vuelta, el británico ya estaba en la zona de puntos, después de haber recorrido la mitad de su camino.

Fueron 44 vueltas, igual que el número talismán que le acompaña, las que Hamilton permaneció propulsado por unas gomas duras (blandas) que exprimió hasta el último milímetro. Sólo así podría aproximarse al milagro. Por el camino volvió a citarse con Alonso, pero el asturiano, consciente de la inferioridad de su propulsor, se echó a un lado para admirar el paso del avión plateado. Lo mismo hizo Massa, batallador e inagotable durante toda la prueba para puntuar en su (esta vez sí) última carrera en Interlagos. Sólo se retorció ‘Checo’ Pérez con su Force India y acabó como el resto, sin pegatinas y mirando al infinito ante el impresionante vuelo del Mercedes.

Sin ese error de novato en la clasificación, Hamilton habría ganado de calle su segunda carrera en Brasil y, por supuesto, se habría apuntado la ‘pole’. El inglés deslumbró con un pilotaje feroz desde el pozo del pelotón, disparado por un motor recién estrenado que convirtió su bólido en un misil. Más misil aún, si eso es posible, de lo habitual. Vigilando cada maniobra, eso sí, para no dañar sus neumáticos más de lo necesario. No tuvo piedad alguna el tetracampeón, que incluso despedazó a Verstappen en su inacabado camino hacia el podio sobre las gomas superblandas.

Batalla final con Raikkonen
Fue un formidable viaje que concluyó a un palmo del podio, después de unas últimas vueltas trepidantes enseñándole los colmillos al Ferrari de Raikkonen. La única pieza que dejó pendiente en esa colosal escalada. Una utopía para cualquier mortal pero una realidad para Hamilton, un piloto genial que, además, tiene la suerte de conducir un monoplaza de ensueño. Acabó a sólo cinco segundos del ganador, Vettel, que apenas tuvo sobresaltos en esas 71 vueltas. Si acaso un apretón tras su parada. Porque en aquella primera curva apartó para siempre a Bottas y casi se metió en el bolsillo el subcampeonato.

En ese último trago a Interlagos, el público se quedó embobado con el intenso cuerpo a cuerpo que vivieron Massa y Alonso. El premio, la séptima posición, era casi lo de menos. Fue una cuestión de orgullo. Algo así como ajuste de viejas cuentas entre dos compañeros que compartieron noches difíciles en Ferrari. El duelo lo ganó el brasileño que, en su despedida definitiva, cerró todos los caminos al asturiano. Aún así, fue la segunda mejor posición de la temporada para el McLaren. Carlos Sainz, undécimo, se quedó a un peldaño de los puntos.

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