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Turboalimentación vs sobrealimentación por compresor, la explicación definitiva

Distinguir entre un motor turboalimentado y otro sobrealimentado por compresor no es algo sencillo si no tienes nociones de mecánica. Sin embargo, hoy te mostramos un vídeo que, junto a nuestra pequeña explicación, echará toda la luz que necesitas en este asunto.

En una época de ‘downsizing’ como la que vivimos, los motores sobrealimentados se han hecho hueco a marchas forzadas. Pero, ¿tenemos claro los tipos de sobrealimentación que existen? Por un lado tenemos los turbocompresores, que son mayoría actualmente, pero también existe la sobrealimentación por compresor. ¿En qué consiste cada uno? Gracias a Jason Fenske y a su canal de Youtube Engineerin Explained vamos a diferenciar ambas soluciones a las mil maravillas.

 
En ambos casos, la idea es provocar una mayor entrada de aire que la que se produce en un motor atmosférico para poder quemar más carburante, de tal forma que se genere más potencia. Sin embargo, es en el ‘cómo’ donde aparecen las diferencias. En el caso de la sobrealimentación por compresor, existe un sistema de rotores que fuerza el aire a mayor presión, estando los compresores conectados al cigüeñal del motor a través de una polea. Esto provoca que, a mayor régimen de giro del propulsor se produce una mayor entrega de potencia.

 

Entre las ventajas que aporta este sistema de sobrealimentación es una mayor cantidad de potencia desde el ralentí, la ausencia de lag en la entrada de la misma, los costes que produce y el aumento de par desde bajo régimen. En su contra tenemos que no se trata de un sistema especialmente eficiente, y sí bastante pesado, además de que puede llegar a poner en entredicho la fiabilidad del conjunto, algo esto último que también le pasa a los turbocompresores.
Hablando de la turboalimentación, nos encontramos con una turbina con forma de caracol que se conecta al colector de escape del motor. Son los propios gases de escape los que hacen girar ésta, que a su vez se une a la admisión de aire. De esta manera, el aire de la admisión es comprimido para ser posteriormente introducido a presión en las cámaras de combustión del motor. ¿El resultado? Una mayor potencia y un rendimiento termodinámico mejor. Se trata por tanto de un sistema más eficiente, motivo por el cual los fabricantes apuestan por él hoy en día. En su contra tenemos la presencia de lag, que viene a ser un pequeño retardo que existe entre que pisamos el acelerador y el turbo se deja notar. Además, estos turbos entregan todo su potencial en un determinado régimen de vueltas, por no hablar de la gran temperatura que generan.

Como ves, ambos sistemas tienen sus pros y sus contras, pero lo que no se puede negar es que los dos consiguen lo que se proponen, que es aumentar el rendimiento de la mecánica. Una vez leído todo esto y visto el vídeo del señor Fenske, ¿estás de acuerdo con el sistema que él considera más adecuado? Nosotros sí, desde luego.

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