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Porsche quiere 200 millones de euros de Audi por daños y perjuicios: el Dieselgate recrudece el conflicto familiar

Ninguna familia es perfecta, o al menos deja de serlo cuando afloran los problemas. Por familia pongamos que hablamos del Grupo Volkswagen y por problemas pongamos al Dieselgate como la madre de todos los conflictos. Hace unos días saltaban a la luz las diferencias entre los sindicatos de Volkswagen y Škoda: los recortes impulsados tras el escándalo han provocado que desde Alemania se le pida a la marca checa pagar más por la tecnología compartida y transferir parte de su producción allí.

Ahora Reuters informa de que otro conflicto interno se está gestando, ya que Porsche ha pedido 200 millones a Audi por daños y perjuicios relacionados con los motores manipulados. Se veía venir.

De aquellos vientos…


La manipulación de los motores diésel afectó a la firma de Stuttgart de manera notable: a principios de año, el gobierno alemán ordenó la retirada de decenas de miles de unidades del Porsche Cayenne (2013-2016) y prohibió la matriculación de la versión diésel del modelo.

Según el diario alemán Bild, la dirección de Porsche ya ha entregado la reclamación por escrito a Audi. La firma de los cuatro aros admitió en noviembre de 2015 que sus motores 3.0 V6 diésel montados en cerca de 80.000 modelos Volkswagen, Audi y Porsche fueron equipados con dispositivos ilegales.


A sí las cosas, los de Stuttgart quieren una compensación por parte de Audi por los costes jurídicos, las compensaciones y las readaptaciones que tuvieron que llevar a cabo.

La tremenda inversión en compensaciones (solo en Estados Unidos), reparaciones y fondos de protección medioambiental por parte del Grupo VAG derivaron en un conflicto interno con los sindicatos, que acusaron a las altas esferas de querer acelerar un plan para que los recortes no se hicieran con despidos, sino con jubilaciones anticipadas, amortizaciones de puestos y reducción del trabajo temporal.


Según los líderes sindicales, la cúpula directiva rompió los términos del pacto, descartando posibles contrataciones en la primera mitad de 2017 y recortando puestos de trabajo de manera más rápida y drástica de lo que se había acordado. De ahí que se tomara una línea de recortes que ahora ha tocado a Škoda: Volkswagen quiere reducir lo que considera ventajas injustas, las cuales hacen disponer al fabricante checo de tecnología alemana combinada con mano de obra más barata.

Volkswagen de momento cuenta con liquidez para hacer frente a un futuro de electrificación en su gama; habrá que esperar a ver cómo afectan los conflictos internos a los planes de un grupo que intenta pasar una página muy pesada en su historia.

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