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Mecánica general

¿Por qué los motores pierden potencia con el tiempo y los kilómetros? Conoce a los culpables, y aprende a luchar contra ellos

Aunque quisiéramos que fueran irrompibles y eternos, los motores de nuestros carros son incapaces de resistir a las leyes de la termodinámica. Aunque son mucho más duros, potentes y eficientes que antaño, siguen sin ser invencibles, y a medida que pasa el tiempo, sus prestaciones merman, su potencia disminuye y sus componentes se deterioran. Hay formas de contrarrestar este deterioro, o limitarlo en la medida de lo posible – por ejemplo, ser muy meticulosos en su mantenimiento. En este artículo os contamos quiénes son los culpables de que tu motor pierda potencia con el tiempo y los kilómetros.
Filtros obstruidos y olvidados: aire y combustible
En nuestro carro hay varios filtros, vitales para su funcionamiento. Por ejemplo, con cada cambio de aceite se reemplaza el filtro de aceite, que se asegura que cualquier impureza o partícula metálica suspendida en el aceite no acabe destrozando tus pistones o camisas. Si hablamos de deterioro de potencia y prestaciones, uno de los grandes culpables es el filtro de aire. El filtro de aire se encarga de que en la admisión no entren piedrecillas, hierba o polvo, y por tanto, no acaben en el interior de nuestro motor. Es un componente vital en cualquier motor, y es uno de esos grandes olvidados.

Consulta el manual de tu carro y comprueba el intervalo de mantenimiento de estos filtros. Son muy baratos, y sencillos de cambiar incluso por ti mismo.
Cuando el filtro de aire está muy sucio – o en casos extremos llega a obstruirse – percibiremos una merma notable en el rendimiento del carro, así como un aumento de su consumo de combustible. El problema es que no somos conscientes de ese bajo rendimiento, ya que el deterioro es muy gradual, casi imperceptible. Como el aire entra en menor volumen dentro del motor y le exigimos el mismo esfuerzo, la centralita del carro lo compensa inyectando más combustible – de ahí el aumento en el consumo. Los filtros de aire son muy baratos y suelen reemplazarse cada 30.000 km, según el carro.

En cuanto al filtro de combustible, actúa de manera similar al filtro de aire, evitando que las posibles impurezas del combustible lleguen al motor. En carros de gasolina tienen intervalos de mantenimiento muy generosos, pero en carros diésel son claves para el buen funcionamiento de la mecánica. Es recomendable cambiarlos cada dos cambios de aceite – de nuevo, cuestan menos de 10 euros y son sencillos de reemplazar. Un filtro de combustible muy obstruido actúa como si de un cuello de botella se tratara, causando tirones o pérdidas de potencia, especialmente cuando demandamos más potencia al motor.

Aunque no afecten al funcionamiento del motor, no olvides la existencia de filtros de polen y filtros del fluido de la dirección asistida.
No son los únicos filtros del carro, pero sí son los que más directamente afectan al funcionamiento del motor. No obstante, algunos carros pueden tener filtros adicionales – preguntadme por qué soy consciente de la existencia de un minúsculo y descuidado filtro de combustible en los reguladores de inyección de sistemas Bosch CIS-E Jetronic. También hay filtros para el fluido hidráulico de la dirección asistida o para el sistema de climatización. De nuevo, el manual de tu carro o un buen manual de taller son tus amigos para mantener tu carro en perfecto estado de funcionamiento.

Sistema de encendido: bujías, bobinas y cableado en mal estado
Si tu carro es diésel, obvia este punto, porque solo es aplicable a motores de gasolina. Para encender la mezcla de aire y combustible hace falta una chispa. Esa chispa es suministrada por las bujías. Por norma general, es recomendable sustituir las bujías cada 60.000 km, pero en motores más antiguos con bujías de cobre, el intervalo puede reducirse a la mitad. Con el tiempo, la chispa de las bujías pierde intensidad, o puede incluso desaparecer. Tirones, poco rendimiento, petardazos o un funcionamiento errático del motor pueden deberse a unas bujías en mal estado. Por fortuna, son muy asequibles.

Sanear el sistema de encendido de tu carro es vital para que siga ofreciendo el mejor rendimiento posible. Unas buenas bujías son clave.


Una bujía en mal estado – o del tipo/medida incorrecto para tu carro – creará depósitos de carbonilla en las cámaras de combustión, creando a la larga problemas adicionales. No te la juegues con una pieza tan barata: tu carro lo agradecerá. No debemos olvidar otros componentes claves del sistema de encendido del carro. Cada bujía está conectada a una bobina en carros modernos, y en carros algo más antiguos, a un cable conectado a la tapa del distribuidor de corriente. Lo bueno de las bobinas es que funcionan, o no funcionan: no producen mermas graduales de rendimiento ni necesitan cambiarse, mientras funcionen adecuadamente.

Sin embargo, los clásicos y youngtimers tienen intervalos de sustitución para el cableado de las bujías que no deben olvidarse. Estos cables suelen ser muy robustos, pero no inacabables. Consulta el manual de tu carro para conocer su intervalo de mantenimiento. La propia tapa del distribuidor – construida en materiales como la baquelita, susceptible al desgaste térmico, además de físico – también está sujeta a un desgaste progresivo. Una tapa muy gastada puede impedir que llegue electricidad a las bujías, provocando fallos de encendido, un comportamiento errático del motor o incluso impidiendo el arranque del motor.

Si tu carro es de carburación, ajusta su carburador en un especialista si empiezas a experimentar un rendimiento irregular.


Catalizadores, EGR, filtros de partículas y sistemas de escape dañados u obstruidos
Hemos escrito ríos de tinta virtual sobre este apartado, francamente. Especialmente en carros turbodiésel modernos es muy importante prestar atención a sus sistemas anticontaminación. Si sólo conducimos por ciudad, a baja velocidad o de forma muy pausada, tanto la válvula de recirculación de gases de escape – la famosa y desconocida EGR – como el filtro de partículas pueden obstruirse. En ambos casos, intercalar tramos extraurbanos en nuestra conducción o circular más alto de vueltas previene las temidas obstrucciones, acompañadas casi siempre de tirones, pérdidas de potencia y testigos encendidos en la instrumentación.

Aunque nuestra conducción sea muy extraurbana – es la ideal para los diésel y la que mejor cuida el motor – es conveniente cada dos o tres años desmontar la EGR y limpiarla a conciencia. La admisión también puede ensuciarse y obstruirse por el mismo motivo antes descrito. Los carros de gasolina no tienen estos problemas, pero sus sistemas de escape tampoco son invencibles. Con el tiempo, los catalizadores pueden obstruirse o romperse. Como los gases de escape no fluyen de manera eficiente y sin trabas, el rendimiento del motor sufre en consecuencia. Un silencioso en mal estado puede causar los mismos síntomas.

Si tienes un diésel moderno, evita usarlo sólo en recorridos urbanos, o sus sistemas anticontaminación – y especialmente tu cartera – sufrirán mucho.
Inyectores, bombas de combustible y turbos gastados o rotos
Ya sea diésel o gasolina, tu carro tiene un inyector por cilindro al menos. Son los encargados de introducir combustible en el motor, y tras muchos millones de ciclos, pueden fallar. Este fallo también puede ocasionarlo un combustible con impurezas o mezclado con agua. El resultado será un funcionamiento defectuoso del motor, con una mezcla aire-combustible incorrecta. Un síntoma común de inyectores en mal estado son tirones al acelerar o una pérdida de potencia generalizada. Con el tiempo y el uso también pueden perder su estanqueidad, e inyectar combustible cuando dejamos de acelerar.

En un carro de gasolina o un diésel antiguo su reemplazo no es ni caro ni complicado. Si hablamos de los inyectores piezo-eléctricos de un sistema common-rail moderno, la broma puede pasar de los 500 euros por unidad. Sólo se suelen reemplazar si comienzan a dar problemas, aunque en carros más antiguos el mantenimiento preventivo es posible – cada inyector de un diésel de inyección indirecta y bomba rotativa no supera los 50 euros. En cuanto a las bombas de combustible, el desgaste es provocado por el tiempo, o por extensos periodos de funcionamiento con un bajo nivel de combustible en el tanque.

Si circulas habitualmente en la reserva, estarás sometiendo a un esfuerzo extra a las bombas de combustible.
Una bomba de combustible en mal estado no será capaz de suministrar el caudal adecuado de combustible al motor, o lo proporcionará de forma irregular. Huelga decir los efectos que esto tiene en la conducción y prestaciones del carro. Un síntoma de fallo suele ser una caída de rendimiento en momentos de alta exigencia, como conducir a un alto de régimen de giro con alta carga en el acelerador. En algunos carros, estas bombas están situadas fuera del depósito de combustible, pero en otros están sumergidas en el combustible – puedes imaginar cual es más sencilla y barata de reemplazar, ¿verdad?

Hemos de aclarar que en este caso hablamos de las bombas de combustible de baja presión. En los carros diésel, y especialmente en los diésel modernos, existe una bomba inyectora de alta presión. En carros diésel antiguos estas bombas rotativas tienen presiones de unos 200 bar, pero en sistemas common-rail de última generación se llegan a alcanzar 2.500 bar de presión en la rampa de los inyectores. De nuevo, pueden desarrollar problemas de estanqueidad o desgaste interno, si bien esto solo suele ocurrir habiendo dejado atrás la barrera de los 250.000 km – y en algunos casos, siquiera llega a ocurrir.

En este artículo te hemos enseñado a detectar turbos que están a punto de fallar, y evitar daños mayores a tu motor.
Por último, no debemos olvidar a nuestro amigo el turbo. El turbo es un componente clave de cualquier motor moderno. Con un buen mantenimiento y cuidado, puede durar la vida del carrok – esto es, si has leído nuestra guía de cuidados para turbocompresores. No obstante, si está sometido a un uso exigente con frecuencia o acumula muchos kilómetros a sus espaldas, el turbo puede perder su estanqueidad, ver limitada su presión máxima de soplado o consumir aceite a través de su carrete. Esto se suele traducir en pérdidas de potencia o un funcionamiento errático, por suerte claramente perceptible.

Desgaste físico de los componentes internos del motor
Los componentes internos de un motor se mueven a enormes velocidades, lubricados por una finísima película de aceite. Descuidar el nivel de aceite del motor o estirar los intervalos de mantenimiento hace que esta lubricación sea menos eficiente, acortando su vida útil. Con todo, aunque nuestro motor esté escrupulosamente mantenido, no podemos escapar de las leyes de la física. Los segmentos de los pistones o las camisas de los cilindros se desgastan, al igual que los árboles de levas. Aumenta el consumo de aceite del motor y la necesaria compresión del motor disminuye.

Aunque es cara, la reconstrucción de un motor alarga su esperanza de vida enormemente. Es casi como volver a estrenar el carro.


En estos casos, la única opción es una reconstrucción del motor. En esta reconstrucción se suelen poner nuevos segmentos a los pistones, se reemplazan las camisas y se suele rectificar la culata, además de retocar el tren de válvulas si fuera necesario. Se aprovecha para reemplazar guías y retenes, asegurándose de que el motor vuelve a funcionar tan bien como cuando era nuevo. El problema es que estas operaciones requieren desmontar casi todo el motor: son muy intensivas en mano de obra y requieren necesariamente a un profesional cuidadoso y formado para garantizar un buen resultado.

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